25 junio 2012

Charlamos con Jorge Liquete, ilustrador de «Batracio Frogger»


¿Cómo ha sido la experiencia de regresar a Ancas City después de año y medio desde la primera parte?

Ha sido fantástico. El reto del primer libro fue crear un mundo de ranas partiendo de un texto que me dejaba absoluta libertad creativa. A veces eso es más un inconveniente que una ventaja. ¿Cómo deben ser las ranas? ¿Tienen pelo, ropa, gafas, zapatos? ¿Cómo sería una ciudad donde conviven ranas con otros animales? En el segundo libro todo está ya más o menos definido y he podido disfrutar haciendo crecer este mundo con nuevos personajes, lugares nuevos, y nuevos tipos de bichos. 
Cuando creas un personaje como Batracio no puedes evitar verlo como un hijo tuyo. Ahora Andrei ha empezado a incorporar nuevos personajes a su círculo más cercano y no puedo evitar sentir cierta ternura al diseñarlos y reflejar su personalidad. La familia crece.


¿Qué te ha parecido «Ancas Fatales»? ¿Te ha gustado la historia?

La he disfrutado por partida doble, como lector y como ilustrador. Por un lado, en esta segunda historia encuentras mucho más misterio y aventura, pero mantiene ese estilo de cine de detectives que tanto me gusta. Por otro lado, yo vengo del mundo de la publicidad y el cine. El hecho de que esta vez Andrei se inspirase en un clásico del cine me ha dado una fuente inmensa de inspiración. Además, me ha permitido definir mejor la ambientación, donde se mezcla el mundo actual con el cine negro de los 50.

 



¿Cómo es tu proceso de trabajo como ilustrador?

Lo primero que hago, como es lógico, es leer y releer el texto hasta que casi me lo sepa de memoria. Mientras, voy tomando notas. Me preocupo mucho de mantener una cohencia en el diseño general de personajes, ropa, edificios y vehículos... Todo tiene que tener una razón de ser (aunque sea absurda) y una vez definido, debe permanecer siempre así.
A continuación hago bocetos de los personajes nuevos. Aquí es dónde más lapiz gasto. Hasta que no me quedo completamente agusto con cada unos de ellos, no paro.
Una vez estoy cómodo, siempre me gusta dejarlo todo reposar por unos días. Salgo a caminar, que es lo me más me ayuda para pensar. Mi cabeza funciona como una cámara de cine, imagino la escena y veo cuál es el ángulo más apropiado para contar lo que está pasando.
Luego paso a los bocetos a lápiz. Con Batracio este proceso suele ser bastante rápido. De una veintena, suelo repetir dos o tres bocetos. Luego maqueto estos bocetos junto al texto para ver la distribución a lo largo del libro. Ahí suelo darme cuenta de lo que sobra y lo que falta. Lo envío a la editorial para que me den el visto bueno.

Del lápiz paso a la tinta. Con una mesa de luz rehago las ilustraciones en papel de acuarela de grano muy fino y con una plumilla. Las sombras las trabajo con acuarela negra, que me permite una gama muy amplia de grises. 
Una vez todas las ilustraciones están terminadas, las dispongo juntas en mi mesa, para ver si he dado la misma ambientación a todo el libro. Algunas las rehago por completo, otras las retoco sobre el papel o directamente con el ordenador. Vuelvo a maquetarlo con los artes definitivos. El editor y yo afinamos detalles y lo dejamos cerrado.



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